domingo, 14 de junio de 2015

La dimisión de Rita

Se ahorró Rita Barberá la ceremonia que escenificaba la pérdida de "su" alcaldía, mantenida durante tantos años. Antes que ver como Joan Ribó le sucedía en el cargo dimitió como concejala del Ayuntamiento de Valencia.
Puede que humanamente su actitud pueda ser comprendida; veinticuatro años es toda una vida y, al final, uno o una se siente tan identificado con el cargo que ocupa que es como si hubiese nacido alcaldesa, concejal o diputado y como si la poltrona fuese suya. Es lo que ocurre cuando los mandatos se prolongan durante mucho tiempo. Al final aparece Luis XIV con aquello de "El Estado soy yo" o "El alcalde soy yo" o "Mi silla soy yo". Es normal.
La actitud de Rita solamente merece dos comentarios. El primero es que es una necesidad de Salvación Pública que los cargos políticos no se eternicen, porque aunque sean buenos, en el sentido de eficaces, acaban perdiendo la chispa y simplemente se acomodan, y es entonces cuando surgen los vicios de la democracia. Por ello la limitación de mandatos es una sabia medida que debería implantarse. El segundo es que esta huida constituye una falta de respeto y consideración a sus votantes. La gente que la votó para el Ayuntamiento debe esperar que allí se quede y que haga su trabajo desde la oposición ¿o es que acaso ser oposición es algo despreciable?.
Pero no, si yo no soy el capitán no juego el partido. Es una actitud infantil. Irrespetuosa con las personas que la votaron y con la misma democracia. Y además poco elegante.

Fuente: eldiario.es

lunes, 8 de abril de 2013

La coyuntura en la que nos encontramos

Carta enviada al diario EL PAÍS y publicada el 07/04/2013:



La coyuntura crítica en la que se encuentra la sociedad española transciende lo económico, llega a lo político y afecta a lo ético. Nos encontramos ante una crisis global en el sentido de que perturba todas las facetas de la existencia colectiva. Estamos en una crisis que inquieta al sentido mismo de nuestra convivencia. Y todos los síntomas apuntan hacia el agravamiento no hacia la mejoría.
Más allá de los devastadores efectos de la crisis económica, determinadas actuaciones de políticos, empresarios, miembros de la judicatura, famosos de distinta índole, es decir de aquellos que deberían liderar el proceso de salida de la situación actual y establecer una estrategia regeneracionista, contribuyen a todo lo contrario.
La abundancia de casos de corrupción, chanchullos, nepotismo, aferramiento a los cargos públicos, evasión de impuestos, alargamiento de los procesos por corrupción política, injusticias sangrantes, etc., crean una sensación de desmantelamiento moral cada vez más grave. Es cierto que toda generalización es injusta pero las valoraciones colectivas no suelen detenerse en matices
El distanciamiento que se está produciendo entre las élites dirigentes de este país y la mayoría de la población es un tema muy grave. Se habla de la necesidad de una segunda transición, de unos nuevos pactos de la Moncloa, incluso de un cambio en la Corona,… pero todo ello no será útil si no se aprecia que quienes llevan el timón son honestos, decentes, capaces y además lo parecen. Y probablemente ese cambio debería comenzar por utilizar más asiduamente el verbo dimitir, que en este país se utiliza tan poco que está lleno de telarañas.  José M. Fernández Ros



viernes, 1 de febrero de 2013

Una situación insostenible


La situación política española se esta viendo inmersa en algunos problemas bastante graves. El primero proviene de la crisis económica y social que estamos padeciendo y se refiere a la perdida de legitimidad del mismo sistema democrático. Una parte importante de la población observa que la democracia, tal como la concebimos y practicamos, se muestra poco capaz de resolver los problemas de la gente. Es mas, se percibe que el Estado esta dejando de ser un elemento  redistribuido paliador  de la desigualdad,  también está perdiendo su cualidad de ofertante de servicios sociales que proporcionan cierta seguridad a los ciudadanos ante los vaivenes económicos. Entonces ¿para que sirven las instituciones democráticas si no pueden ayudar a quien lo necesita?
El segundo problema es la aparición de constantes casos de corrupción política. Cuando aun no se ha apagado uno ya ha surgido el que le releva en los medios informativos; es la noticia que no cesa. Ya no se trata solamente del típico caso del político corrupto, surgen casos de nepotismo intolerables en una sociedad democrática, de prácticas caciquiles que creíamos olvidadas, de interrelaciones poco edificantes entre el mundo de las grandes empresas y el de la política, etc. Es cierto que los votantes españolas suelen perdonar con relativa facilidad este tipo de conductas pero resulta innegable que representan una erosión profunda de la confianza institucional
Ambos problemas requieren una pronta solución. No se pueden ignorar indefinidamente a riesgo del resurgimiento de posiciones populistas o, yendo un poco mas allá, de posturas totalitarias que cuestiones abiertamente la democracia. La historia no se repite, pero se parece, y la crisis de los años treinta del siglo pasado es un referente que no debemos olvidar.

miércoles, 22 de agosto de 2012

Occidente y los movimientos islamistas


Estamos viendo como los movimientos islamistas acceden al poder o se han reforzado tras las llamadas “primaveras árabes”. Es cierto que no fueron ellos quienes prendieron la mecha de la llamarada revolucionaria pero también lo es que, ante el incendio, estaban mejor situados que nadie.
Durante décadas el mundo árabe ha estado sometido a regímenes dictatoriales de todo  tipo: monarquías absolutas, regímenes laicos y socializantes de partido único, dictaduras esperpénticas, emiratos,... En ellos la única forma posible de participación social, de actuación solidaria, de creación de redes culturales, políticas, laborales, etc., era a través  de la religión. Por ello los movimientos islamistas fueron ganando terreno entre la sociedad civil; fueron el instrumento de la vertebración social. Habían llegado incluso a un cierto grado de simbiosis con las mismas dictaduras; por eso no fueron los provocadores del incendio, aunque después se sumaran a él.
Así pues, el mantenimiento de las dictaduras no hizo sino reforzar estos movimientos y debilitar la opción de las estructuras sociales y políticas de tipo laico y democrático. No son por ello extraños los resultados electorales actuales. Fue otro error de Occidente; actuó a corto plazo, protegiendo las dictaduras para asegurar la estabilidad energética y el inmovilismo político en una región siempre al borde del conflicto. Esa política permitió el ascenso del islamismo político. Lo mismo le ocurrió en Afganistán, prefirió fortalecer a los talibanes frente al poder soviético. El resto de la historia ya es conocido.

sábado, 9 de junio de 2012

Crisis y equidad


Esta crisis va dejando ya un reguero de vencedores y vencidos bastante claro. Las actuaciones políticas, las “reformas”, para salir de la crisis no son neutras; favorecen a unos y perjudican a otros. Las consecuencias de estas medidas están cayendo, fundamentalmente, sobre las clases medias y bajas: los recortes sanitarios y educativos les afectan más gravemente, la reforma laboral les deja inermes, los funcionarios ven rebajado su sueldo y sus horarios aumentados, otros son despedidos, los impuestos aumentan, el paro se desboca,...
Mientras tanto, las rentas del capital sortean hábilmente la crisis. Los evasores fiscales no solamente son perdonados sino que, además, pagan menos impuestos que los que han cumplido con sus obligaciones.  No se han aumentado los impuestos a los que más tienen con la misma proporcionalidad que al resto de la sociedad. Y hay más ejemplo: los clubs de fútbol deben millones a la Hacienda pública y nuestros jugadores ganarán primas de trescientos mil euros si ganan la Eurocopa -casi el doble que el gobernador del Banco de España, doce años de sueldo de un profesor medio-; los bancos quiebran y son saneados con dinero público, sin que los responsables den cuenta a nadie, para luego ser devueltos a sus accionistas o vendidos a otras entidades a precio de saldo. 
El tratamiento de los poderes públicos, españoles y europeos, a los diversos sectores sociales no es ecuánime. En efecto, todos debemos apoyar la salida de la crisis, pero los esfuerzos están recayendo especialmente sobre las espaldas más débiles. Las corruptelas de las élites en el poder contribuyen a generar esa sensación de profunda desigualdad. La equidad debe incorporarse también como principio para el gobierno económico; para la izquierda es su razón de ser y para la derecha un elemento fundamental de estabilidad. Es uno de los principios básicos de cualquier democracia.